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Meditación sobre la sustancia-

julio 3, 2015

Meditación sobre la sustancia

Yo estoy sosegado y quieto. La preocupación, la ansiedad, el miedo, y las dudas se desvanecen de la nada de donde vinieron. La confianza llega; la paz prevalece. Troco el ruedo de Tu vestidura, oh Cristo y todos los pensamientos de pobreza se sanan. Mis ojos están abiertos y veo sustancia en todas partes. Se extiende ante mi mayor que la extensión del océano y la tierra, mayor que todos los océanos y tierras de la multitud de los planetas, porque no está confinada ni limitada por tres dimensiones. Es del mundo del Espíritu, ilimitada, eterna. Me rodea como el aire que respiro, y me llena como la vida que siento. Es pensamiento para mi mente, alimento para mi cuerpo, provisión para mis necesidades.

Con amor infinito, el gran Dador ha creado sustancia para Su hijo, que soy yo. Él me ha dado el poder para moldear de ella todos mis deseos, para llenar todas mis necesidades; el poder para ser el cauce a través del cual fluye en Su universo para hacer fértiles todos los lugares del desierto. Día tras día, año tras año, edad tras edad, yo, y millones de Sus hijos hemos usado esa sustancia en cantidades limitadas, sin saber que era nuestra para usarla con abundancia. La veo ahora inundando toda la creación. Mientras más la uso, más fluye hacía mí y siempre es como si nunca hubiera sido tocada porque su vastedad es sólo comprendida ahora por la mente de su Creador.

Alabo y doy gracias por la vestidura de sustancia conque el Padre viste todas sus creaciones. Alabo y doy gracias porque me viste y provee para mí, Su más alta creación, Su más amada posesión, midiendo Su bien para mí con una medida que sobrepasa todas la previas ideas de la opulencia, todas las anteriores manifestaciones de la abundancia.

Cuando vuelvo al mundo material de los deberes de la hora, llevo consigo la compresión de la sustancia con mi eterno derecho de nacimiento, mi perdurable herencia, mi omnipresente posesión. Me sostengo firme en esta alta visión hasta que todo mi mundo externo manifiesta esta interior, opulenta perfección.

Francis Foulks.

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Siete lecciones para ser mejor padre

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Día del padre

Por medio  su amor y cuidado, los padres dejan una huella permanente en las vidas de sus hijos. Lee los rasgos comunes compartidos por los papás más efectivos.

Al Roker, una personalidad bien conocida en el mundo de la televisión nos cuenta de su primer trabajo en este campo. Estaba empleado como el encargado del tiempo en una estación de televisión en Syracuse, Nueva York, en 1974. La estación tenía tarjetas impresas para él. Cuando fue a visitar a su familia, se las mostró a su papá, un conductor de autobús de Nueva York. Sin pensar, Roker dejó las tarjetas en la cómoda de su papá y regresó a Syracuse.

Unos meses después, Roker recibió una llamada telefónica de un hombre que vivía en Brooklyn. “Él estaba de pasada y quería saludarme”, recuerda Roker. Entonces, un día después, lo mismo sucedió de nuevo: Un extraño del área de Brooklyn llamó para saludar y “decirme que continuara mi buen trabajo”. Durante varias semanas, Roker continuó recibiendo una o dos llamadas de extraños. “Finalmente, pregunté a una de las personas cómo sabía mi número de teléfono. La mujer me respondió ‘viajo en el autobús de tu papá. ¡Él ha estado dándole tus tarjetas a todos los pasajeros, diciéndonos que te llamemos para apoyarte!”

Esa historia es sólo una de las razones por las cuales el padre de Al Roker fue la influencia más importante en su vida. Por medio  su amor y cuidado, los padres dejan una huella permanente en las vidas de sus hijos. Lee los rasgos comunes compartidos por los papás más efectivos. George Herbert, el poeta inglés del siglo diecisiete, notó que un buen padre “vale más que cien maestros”. Ser padre es un gran privilegio y una gran responsabilidad. Los mejores padres tratan de dar a sus hijos la guía que necesitan para abrirse camino en el mundo. A continuación siete hábitos de padres muy efectivos.

 1. Los buenos padres inculcan la fe. Ellos toman seriamente su papel como maestros espirituales y mentores. Toman seriamente la Biblia donde dice: “Amarás a Jehová, tu Dios, de todo tu corazón, de toda tu alma y con todas tus fuerzas. Estas palabras que yo te mando hoy… Se las repetirás a tus hijos, y les hablarás de ellas estando en tu casa y andando por el camino, al acostarte y cuando te levantes” (Dt. 6:5-7). Los buenos padres nos solamente promueven la fe, sino que promueven la vida espiritual con su ejemplo. Van regularmente a la iglesia con la familia, participan de las actividades tales como el estudio bíblico de los miércoles por la noche, cantan en el coro, participan en el cuerpo de líderes de la iglesia. Guiados por estas palabras del profeta Isaías, los padres también dan de su tiempo al ofrecer servicio a los menos afortunados en la comunidad: “aprended a hacer el bien, buscad el derecho, socorred al agraviado, haced justicia al huérfano, amparad a la viuda” (Is. 1:17)

Los niños que ven a su padre involucrado en actividades que promueven el crecimiento espiritual tienen más posibilidades de seguir sus pasos. Los buenos padres saben que el promover la fe en sus niños le da un recurso invalorable para enfrentar con los muchos retos de la vida. Herbert Benson, autor y médico, dice: “Ir a la iglesia en realidad puede hacerte más sano. Un estudio tras otro ha demostrado que la felicidad y la satisfacción engendrada por la fe contribuyen extraordinariamente con la salud en general. Los servicios de adoración están llenos de elementos potencialmente terapéuticos —la música, los bellos alrededores, los rituales conocidos, la oración y la contemplación, la distracción de las tensiones cotidianas, la oportunidad de socializar, crear amistades y la educación. Las personas religiosas reportan consistentemente mayor satisfacción en la vida, en sus matrimonios, en su bienestar, altruismo y autoestima que las personas no religiosas”.

 2. Los buenos padres demuestran su amor. No se avergüenzan de decir “te amo” ni dudan en dar a sus hijos demostraciones físicas abundantes de amor. El actor Jack Klugman recuerda el sentirse devastado a los doce años, cuando su padre falleció. Después de luchar por décadas con la depresión causada por esa pérdida, Klugman finalmente buscó ayuda. “Fue entonces cuando recordé que mi padre era el único en mi familia quien me abrazaba. El resto de mi familia evitaba tocar y abrazar —especialmente mi madre. Sólo mi padre no sentía vergüenza de demostrar afecto. Mi padre me enseñó que el demostrar tu afecto no era un signo de debilidad, sino por el contrario, un signo de amor”. Klugman dice que él pasó el legado de su padre a sus dos hijos y a sus nietas. “Siempre que nos vemos nos besamos y nos abrazamos de demostramos lo mucho que nos queremos. ¡Me encanta!

3. Los buenos padres hacen de sus hijos su prioridad. Howard Schultz llegó a ser presidente de Starbucks y expandió la compañía de sus tres tiendas originales a más de tres mil. Schultz fue criado en una familia trabajadora de Brooklyn. Su padre no terminó la secundaria y tuvo una serie de trabajos de poca paga como trabajador de fábrica, camionero y taxista. “En realidad vivíamos en una casa subsidiada por el gobierno federa”, dice él. Para cubrir los gastos, su padre a menudo trabajaba muchas horas. A pesar de tener poco tiempo libre, su papá hacía tiempo para su hijo. “Había muchos días en que mi papá regresaba a casa después de una jornada de 14 horas de un trabajo físicamente agotador y lo primero que hacía era buscarme. Nos poníamos guantes de béisbol, salíamos y jugábamos un rato. Esos momentos entre padre e hijo son tan especiales. No hay mucho qué decir. Pero cierto vínculo se crea de atrapar una pelota que tu padre te lanza y devolvérsela”.

 4. Los buenos padres enseñan. El arte de vivir puede ser altamente complejo. En vez de permitir que los niños procedan con dificultad por sí mismos, los buenos padres ofrecen lecciones para la vida. Entonces, cuando las cosas se ponen difíciles, el niño puede aprovechar semillas de información sembradas previamente por el padre. George M. Steinbrenner es mejor conocido como el propietario de los Yankees de Nueva York. Él dice que su padre era un hombre increíble quien le enseñó muchas cosas que él utiliza hasta el día de hoy en su vida y en su trabajo. Entre ellas, las siguientes:

  • Siempre rodéate de gente que es más lista que tú.

  • Siembre busca a quienes te criticarían en vez de alabarte —de tus críticas es que aprenderás más.

  • La velocidad del líder determina la del grupo.

  • No puedes guiar a la caballería si no te puedes sostener en la silla.

  • ¡No supongas nada!

  • Tratar no es suficiente para lograr.

Para dar ese tipo de lecciones, así como otras, Steinbrenner dice: “Hasta el día de hoy, él es el hombre a quien me gustaría tener conmigo en un aprieto”.

5. Los buenos padres dan alas a los sueños de sus hijos. Lo que no hacen es establecer expectativas rígidas de lo que desean que sus hijos hagan. Más bien los observan; se dan cuenta de sus sueños, esperanzas y aspiraciones; y luego animan a sus hijos a lograr esas metas. Ellos saben que la confianza es la compañera del éxito y así, hacen lo que pueden para infundir confianza en sus hijos. El golfista profesional Phil Mickelson dice: “El mayor cumplido que puedo darle a mi papá —y lo que más le agradezco— es que nunca me empujó en ninguna dirección. Por el contrario, me dio, así como también a mi hermano y a mi hermana, todas las oportunidades para que tuviéramos éxito en lo que eligiéramos”. Mickelson recuerda un día cuando tenía 11 años y acababa de ganar un torneo de golf junior; “Papá, quiero ganarme la vida jugando golf”, anunció. “Yo creo que puedo ser jugador profesional”. Su padre le respondió: “¡Tú sabes que serías bueno en eso! Si eso es lo que deseas, trataré de darte todas las oportunidades de jugar y practicar”.

6. Los buenos padres ofrecen disculpas. Una de las cosas más importantes que un padre puede hacer por su hijo es decir “lo siento” cuando ha sido descortés, insensible o no ha actuado de la mejor manera. El rabino Joseph Telishkin es un autor muy conocido y un orador muy popular. A menudo da conferencias acerca del manejo de la ira y dice que frecuentemente pregunta a la audiencia cuántos de ellos crecieron en un hogar donde sus padres nunca se disculpaban con ellos, aún cuando habían hecho algo mal. “Treinta o cuarenta por ciento de los presentes generalmente levanta la mano”, dice. “Rápidamente se hace aparente que el dolor de que nunca les hayan ofrecido una disculpa todavía está fresco. Las personas describen la humillación de ser obligados por los padres a disculparse cuando habían hecho algo malo, pero saber que a ellos nunca les ofrecerían una disculpa cuando fueran víctimas de de la ira injusta de sus padres”. El rabino Teluxhkin dice correctamente que los padres que no se disculpan envían el siguiente mensaje terrible a sus hijos: “Tú no tienes que buscar perdón cuando maltratas a alguien más débil que tú”, o “como yo te crío y te mantengo, puedo tratarte como quiera. No tengo que disculparme ni siquiera cuando no tengo razón.”

Los buenos padres no cometen ese error. Ellos se disculpan tan pronto como se dan cuenta del dolor injusto que han infligido y se disculpan de manera específica: “Siento haberte humillado delante de tus amigos ayer”.

7. Los buenos padres son confiables. Ellos son consistentemente confiables, se puede depender de ellos. Matt Lauer, uno de los presentadores de Today Show, dice que la cualidad más grande de su padre era su confiabilidad. Él fue un hombre de un gran carácter y podías contar con su razonamiento, con su brújula moral. Podías contar con el hecho de que estaba contigo en todo momento, sin importar las circunstancias”. Lauer dice que ésa fue una lección poderosa aprendida de su padre y una lección que trata de transmitir a su familia. “Cuando trato a mis hijos… lo único que deseo que recuerden de mí es que no importa lo que pase, pueden contar conmigo. En esta edad, protegerlos, hacerlos reír, consolarlos. A medida que crecen, que vengan a mí cuando tengan problemas, cuando hayan hecho algo bueno o mal. Éste fue realmente el mayor regalo que mi padre me dio”.

La esencia de un buen padre puede ser resumida en cuatro términos: protector, maestro, ejemplo, mentor. Los niños quienes crecen con padres que demuestran esas cualidades son los más afortunados del mundo.

Victor M. Parachin

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