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Dejar a Dios resolver el problema

enero 9, 2017

libertà

 

“Llevad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas, 30 porque mi yugo es fácil y ligera mi carga”.—Mateo 11:29-30

Karen tenía sólo catorce años cuando su madre murió. En menos de un año, su padre conoció a Juanita y se casó con ella.

Desde el principio, la relación entre la madrastra y la hijastra fue un desastre. Por mucho que Juanita tratara, sus esfuerzos eran inútiles. Karen era abiertamente hostil con su madrastra y aprovechaba toda oportunidad para sabotear el  matrimonio. Ella menospreciaba a Juanita en la casa y en público. Le gritaba por asuntos sin importancia, y “accidentalmente” rompía algunas de las posesiones que Juanita apreciaba más. No importaba lo mucho que Juanita hiciera por mejorar la situación, ésta empeoraba. En el transcurso de un año, la conducta de Karen fue tan mala que Juanita estuvo dispuesta a abandonar su matrimonio.

Cuando su paciencia llegó al límite, Juanita buscó orientación espiritual. Le dijeron lo obvio: ella no podía con Karen y tendría que entregar la situación a Dios. Por alguna razón, esas palabras causaron honda impresión en ella. Intuitivamente, sabía que eran verdad y pudo dejar ir la situación completamente. En el momento en que entregó la situación, sintió “una felicidad trascendental”. Estas son sus propias palabras: “Después que tomé la decisión de dejar ir, sentí inmediatamente una tremenda liberación. Había finalmente soltado el problema que estaba consumiendo toda mi vida, y sentí una felicidad trascendental.

No sabía lo que iba a pasar con Karen o Roberto o con toda esa situación. Todo lo que sabía era que yo iba a salir bien. Karen llegó a casa unas horas después y debió de haberse sorprendido al ver lo contenta que yo estaba. Pero esto no la detuvo para empezar donde lo habíamos dejado aquella mañana. Me gritó y maldijo por haber ido a su dormitorio para tomar sus sábanas. Estaba furiosa. Mas, por primera vez. pude ver la niñita herida en ella. Me hizo recordar un animal herido.

Su mundo se había derrumbado. Su madre había muerto solamente unos años antes. y se había visto forzada a compartir su papá con otra persona. Por primera vez comprendí su dolor. De pronto sentí tanto amor por ella que me vi obligada a abrazarla, y lo hice. Ella se puso tiesa, pero no me importó. No podía soltarla. Empezó a gemir calladamente, tratando de disimular, pero luego el dique se rompió. Ella me agarró y lloró … lloró … y lloró. Ambas lloramos. Cuando dejó de llorar, nos sentamos y hablamos por cinco horas. Hasta se nos olvidó cenar.

Cuando Roberto llegó a casa, lo enviamos a cenar afuera. ( Él intuyó que algo importante estaba sucediendo, por lo tanto, no le importó cenar fuera.) Ahora Karen y yo estamos haciendo todo lo posible para establecer una relación muy especial. Todavía tenemos momentos difíciles, pero hay amor y respeto, sin la amargura y el resentimiento de antes. Todavía no somos como madre e hija, pero somos muchísimo más que sólo amigas. Nunca pude imaginarme eso.

Estaré agradecida eternamente por haber descubierto el dejar ir y entregar los problemas a Dios. Los asuntos mejoraron mucho más de lo que jamás había esperado. ¡Y tan milagrosamente! Todavía tengo que pellizcarme para probar que esto no es solamente un bello sueño.”

Dios está listo siempre

Por medio del simple acto de entrega, la vida de Juanita se transformó de una pesadilla en “un bello sueño”. Todo lo que tenía que hacer era permitir que Dios resolví era el asunto. Dios está listo siempre, pero Juanita Le había cerrado el paso. Todos sus esfuerzos la habían hundido más profundamente en el problema.

Solamente cuando Juanita entregó el problema a Dios su felicidad fue posible.  Cuando lo entregó a Dios, ella cesó de tratar de cambiar los asuntos. Más bien que actuar desde su ser humano (que hubiera continuado reaccionando a la rabia de Karen), se levantó sobre la situación. Actuando desde su ser crístico, ella naturalmente trató a Karen con amor.

Aunque sus verdaderos nombres no son Karen, Juanita y Roberto, ellos son personas reales. Si no estás familiarizado con el acto de entregar y el poder transformador de vida que tiene, la historia de ellos tal vez parezca imposible. Si comprendes el poder hacedor de milagros de la entrega, tienes probablemente una historia parecida que relatar.

La entrega no es rendición

Dejar ir no quiere decir desistir. La entrega no es rendición.

Existe una vasta diferencia entre entregarnos y rendirnos. La mayor parte de la gente cree que entregar es “un error”. Patrick Henry, un estadista y orador norteamericano, retó: “¡Denme libertad o denme muerte!” Un general norteamericano sostuvo: “Si no hay rendición, no hay retirada”. La entrega se ha considerado tradicionalmente como admisión de debilidad, de desistir, retroceder, capitular.

En oposición a la creencia popular, la entrega puede ser una decisión afirmativa, un acto positivo. La naturaleza toda se rinde. La oruga se rinde y se vuelve una mariposa. Un huevo de halcón se rinde para dar paso al halcón. Nada nuevo puede suceder hasta que li viejo pierde su poder. Cuando nos rendimos, no sacrificamos nada. Solamente perdemos lo que nos mantiene igual. No perdemos nada realmente. Lo ganamos todo.

Mary-Alice y Richard Jafolla

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