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La vida energética interna.

agosto 29, 2014

Doce poderes energia

La curación de un cuerpo enfermo depende de la fuerza de la vida en él. Algo puede hacerse por medios externos para ayudar y alentar ese poder sanador en nosotros, pero esa ayuda por sí misma no puede sanar un cuerpo quebrantado y débil. Un cirujano puede componer un hueso roto, pero él debe depender de la fuerza de vida para unir las partes. Jesús no produjo la curación que demostró al mundo. La curación llega cuando el alma hace contacto con Dios. El médico no concede salud, se une a nosotros para lograrla. Las leyes naturales que crean y sostienen el cuerpo son realmente leyes divinas, y cuando la persona pide la intervención de Dios para restaurar la salud, ella llama las fuerzas naturales de su ser a la acción. Esas leyes son exactas y constantes; los resultados son infalibles si uno puede hacer contacto con las leyes naturales de la vida y las deja trabajar. La ley de curación es un principio demostrable, tan efectivo hoy día como hace dos mil años en los tiempos de Jesús. Se manifiesta para cada individuo de acuerdo con su conciencia, Detrás de toda mente personal esta está la Mente

Recreativa. La Mente- Dios no solamente puede restaurar y sanar, sino que puede establecernos en la conciencia de salud permanente.

Podemos ser aliviados de males corporales y aún no ser sanados. Una curación es más que traer a un estado de sanidad y normalidad la piel, los huesos, los nervios uy la sangre. La curación continua aun después de restaurar el vigor del cuerpo característico de la juventud, cuando la vida era un disfrute de músculos coordinados y funciones rítmicas, e incluso después de revitalizar el estado de libertad orgánica prevaleciente de la niñez.

 “La guia de Unity para curaciòn”

El poder sanador inherente

agosto 19, 2014

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Encontramos que hay un principio omnipresente de salud que penetra todas las cosas vivientes. La salud la verdadera salud, surge de nuestro interior y no tiene que ser manufacturada fuera de nosotros. La salud es la misma esencia del Ser y es tan universal y perdurable como Dios. Este espíritu de perfección es llamado el Espíritu Santo en el Nuevo Testamento. En la mitología clásica es llamado Higìa (diosa griega de la salud). Los cientifìcos modernos se refieren a él como el poder restaurador de la naturaleza. Ha sido reconocido tanto por el salvaje como por la persona civilizada en todo país y de toda edad. Tiene muchos nombres, y todos lo identifican como un impulso universal en el hombre hacia la perfección y hacia la continuación de esa perfección a pesar de toda fuerza que interfiera. Ningún método de curación puede crear nuevas células vivientes; solamente las fuerzas creativas en el cuerpo pueden hacer eso. El organismo tiende a mantenerse a sí mismo si nada interfiere con él. Las fuerzas creadoras son auto suficientes. No necesitan ayuda. Sólo necesitan el removimiento de obstrucciones que impidan su acción natural. El propósito verdadero de los agentes sanadores es despejar el camino para las fuerzas innatas y creativas. No importa que qué procedimiento se siga o cómo se emplee la ley sanadora, el objetivo sea establecer perfección, esto es, hacer surgir la actividad perfecta de fuerza de vida que renueva, reconstruye y sostiene el cuerpo. Sólo existe un poder sanador. El objetivo de la cirugía, los medicamentos o la oración el liberar el poder sanador inherente y restaurar el cuerpo a su condición normal de salud. Lo mismo da que se active la energía del principio de vida por meditación o por medicación.

La salud implica más vida. Las medicinas de por sí no pueden dar más vida. Un viaje o un cambio de panorama , a lo cual se recurre como terapia en enfermedades de la mente o del cuerpo, no dará vida excepto que tiende a relajar la mente y el cuerpo tensos y rígidos, y a permitir que Dios fluya para llenar la cerencia. No tenemos qu suplicar a Dios. Abundante vida entra de imediato en las mentes y cuerpos d las personas, como lo hace el aire en un vacío, en el momento en que ellas aprenden a soltar las tensiones conscientemente y se vuelen a Dios.

“La guía de Unity para curación”

Connie Fillmore Bazzy

El deseo de perfección

agosto 13, 2014

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Debido a que el hombre es un ser espiritual, él es siempre el foco de un poder espiritual para manifestar vida con salud, armonía y abundancia perfectas. “A vuestro Padre le ha placido daros el reino.” La vida de Dios influye siempre en la vida del hombre como salud y curación.

El estado de salud es una condición de perfección y plenitud. Las personas son creaciones hechas a la imagen de Dios, y la curación y la manifestación del Cristo natural y perfecto que existe en toda persona. La salud es el estado natural del hombre. La palabra sanar viene de la latina sanare: aplicar medicinas, restaurar. Por lo tanto, una persona saludable es una persona restaurada, una que vive y funciona tal como su Creador deseó. La salud es fundamental en el Ser y ella es el derecho divino del hombre; es el estado ordenado de la existencia, y el hombre debe aprender a usar el conocimiento de esa verdad para sostener la conciencia de salud.

“La guía de Unity para curación”

Connie Fillmore Bazzy

A tono con la vibración divina

julio 27, 2014

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Las palabras encierran secretos. Cuando analizamos lo que representa una palabra, parece liberar todo tipo de ideas en nuestras mentes. Por ejemplo, consideremos la palabra “encantadora”. Decimos “esta habitación es encantadora” o “él o ella tiene una o personalidad encantadora”. Cuando oímos la expresión “Escuela para señoritas” pensamos en un lugar donde los jóvenes se les enseña a caminar erectas, con gracia y a resaltar los más atractivo en ellas.

Veamos el significado en el diccionario de la palabra: “Someter a poderes mágicos. Conquistar o vencer mediante un poder secreto. Atraer o ganar la voluntad de alguien por dones naturales, como la hermosura, la gracia, la simpatía y el talento”. Podemos ver que esta palabra puede ser utilizada en un sentido mucho más amplio que para describir simplemente una habitación bonita o una personalidad atrayente.

En el momento en que nuestras mente analizan la palabra “conquistar o vencer mediante un poder secreto” puede que pensemos en el poder divino. Sin duda, el poder de Dios es capaz de conquistar y vencer cualquier obstáculo, cualquier amenaza.

Puedes también detenerte a ponderar la palabra secreto. Podrías decir: El poder de Dios no es un secreto”. Sim embargo, la palabra secreto no significa necesariamente que algo es mantenido oculto. Decimos que las profundidades del océano guardan muchos secretos. Y o también pienso que existen muchos secretos acerca del poder de Dios en nosotros que estamos aún por descubrir.

Charles Roth

-La mente: El poder maestro

Descubre lo que vales

julio 11, 2014

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Si hubiese juzgado mi vida según las expectativas sociales con las cuales solemos medir nuestro éxito, mi futuro era brillante. Yo era popular en la escuela, era buena estudiante y provenía de un buen hogar. Pero a los dieciséis años, me atrapó una desoladora noche oscura del alma que duró siete años.

Mientras iba a la universidad, ocultaba mi depresión y mitigaba mi dolor con medicamentos para la gripe y para dormir. La época entre mis dieciséis y veintitrés años, fue confusa y dolorosa. Sólo recuerdo el vacío de un alma quebrantada y desesperada. Después de graduarme, ¡me sentí más confundida y sola! Batallé con pensamientos suicidas, mas mi fe en Dios mantuvo viva una pequeña llama de esperanza. Debajo de mi angustia, aún creía que mi vida podía cambiar.

Recuerdo la noche en que sucedió. Fue un sábado y mi hermana había salido con su novio. Tras conseguir entradas para el estreno de una película al cual yo quería asistir, ella me dijo que sólo tenía dos boletos y uno era para su novio. Me sentí tan abandonada. Lloré por horas, sentí como si mi corazón fuera a romperse. De pronto, escuché la voz de mi abuela diciéndome: “Levántate. El desamor puede matar a una persona”. A pesar de que ella estaba a kilómetros de distancia, parecía encontrarse en la misma habitación. Y las palabras que yo había escuchado de ella en mi niñez vinieron a salvarme.

Mis lágrimas se tornaron una oración. Le pedí a Dios fortaleza y sabiduría para cambiar. Me puse en pie con la determinación de luchar por mi salud emocional. Mi cambio fue lento y, en ocasiones, doloroso. Leía la Biblia y escuchaba sermones, buscando un propósito. Pero sabía que tenía que hacer más que leer y estar inspirada, ya que la transformación es el resultado de tomar acción.

Con el tiempo, me di cuenta de los múltiples factores que alimentaron mi depresión. Uno de los principales fue que yo había caído en la trampa de vivir de acuerdo con las expectativas de otros. Estaba más preocupada por lo que los demás pensaban de mí que en ser yo misma. La presión social puede dificultar que una honre su propia voz, mas he aprendido que hay tres cosas que debemos defender:

La primera es nuestras verdades. Podemos sanar y prosperar cuando nos negamos a ser prisioneros de las percepciones de los demás. El grado en que podemos ser transparentes y abiertos determina la libertad y la autoaceptación que disfrutaremos. Cuando optamos por la pretensión en vez de la realidad, nos encarcelamos emocionalmente. 

También debemos hablar a favor de nuestros límites. La palabra “no” es una oración completa. Saber cuándo y cómo trazar límites en nuestras relaciones nos ayuda a evitar estrés y agobio innecesarios. Nuestros “nos” crean los contornos que son críticos para ayudarnos a establecer y mantener nuestra identidad.

Por último, debemos defender nuestros sentimientos. Tenemos que trabajar con y a través de nuestros sentimientos a fin de mantener una perspectiva y actitud saludables. La negación solía ser mi única opción para manejar las emociones intensas. Si alguien me lastimaba, en lugar de encarar el dolor y confrontarlo, minimizaba su impacto en mis sentimientos. Con el tiempo, llegué a estar tan adormecida que me resultaba difícil conectarme conmigo misma.

¿Estás viviendo la trampa de una imagen? A lo largo de la próxima semana, presta especial atención a cómo luces en diferentes contextos sociales. Ten en cuenta los momentos en los que te sientas incómodo o inadecuado. ¿Cómo manejas esos momentos?

¡Acepta tu grandeza! Afirma en voz alta: “¡Dios quiere usarme, tal como soy, para cambiar el mundo!” Practica escribir en tu diario consistentemente para aumentar tu conciencia de ti mismo.

Ser claro sobre tu identidad te ayudará a vivir con libertad y pasión. ¡Es el momento para que vivas lo que vales!

- Coach Felicia -

“Unity en linea -

La dinámica de la oración

junio 22, 2014

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Cuarto principio de Unity

En todas las épocas la humanidad ha hecho el esfuerzo espiritual de realizar la unión consciente con ese centro en lo más íntimo   de nuestro ser en donde la verdad mora eternamente. Esta realización solamente puede realizarse por la oración verdadera.” Esta declaración de las enseñanzas de Charles Fillmore trae a los estudiantes de Unity la comprensión de que hay un gran poder en la oración, y cuando esta se practica correctamente puede traernos curación, prosperidad y mejores relaciones humanas – de hecho, puede literalmente rehacer nuestras vidas.

Debemos orar porque es debido a nuestras oraciones que cambiamos nuestra conciencia. Nos apartamos de lo que es negativo, de toda apariencia de carencia o necesidad. La verdadera oración levanta nuestra visión a nivel divino y nos capacita a visualizar como pueden ser las condiciones cuando estamos en armonía perfecta con Dios.

Dios es el bien, Dios es todo y espera que utilicemos el bien que nos ha dado. Así por medio de la oración verdadera, liberamos la energía poderosa de Dios, como una fuerza constructiva y creativa de nuestras vidas y asuntos.

Puedes valerte de ese poder de las siguientes maneras:

Primero Cada día crea una oportunidad de estar solo con el propósito de orar. Descansa en la seguridad de que Dios está contigo y no vives y trabajas solo.

Segundo: Concentra tu mente en la gran Verdad de que tu bien está ya establecido y todo el bien que es Dios está ya en el universo. Esta es la promesa de Jesús y, por lo tanto podemos confiar en ella.

Tercero: Declara ese bien para ti. Habla palabras poderosas de gozo, confianza y entusiasmo. Ten la seguridad de que eres un hijo o una hija de Dios y que es un placer del Padre darte su reino.

Cuarto: Dirige la fortaleza y poder de tu fe a esa declaración. Di otra vez que ella es la realidad de la vida y luego cree esto. Concentra todos los poderes mentales en esta Verdad que hablas. Deja que la fase subconsciente de tu mente se llene del pensamiento de que el bien que decretas es la realidad concebible más poderosa.

Quinto: Expresa una sensación de extraordinaria gratitud por la fe, amor, seguridad, paz, salud y verdadero progreso en todos los asuntos de tu vida.

Toda persona que sigua estos pasos no continuará en su vieja manera de vivir. Una nueva confianza y un nuevo entusiasmo por la vida nacerán en la conciencia de la persona que practica la dinámica de la oración.

Así por medio de la oración verdadera, liberaremos la energía poderosa de Dios.

- Ralph Rhea-

La ley del aumento o disminución.

junio 19, 2014

Guarda Una Cuaresma24

Tú siempre estás usando la ley del aumento o disminución.

Toda la gente normal busca un mejoramiento en su alimentación, ropa, mejoramiento del hogar, más belleza, más conocimiento, lujos o placer y comodidad en su trabajo; más aumento de su bien en todas las cosas. Y lo hacen bien. Este es un deseo Divino. Siendo así, el deseo normal para el aumento del bien no debe ser condenado o supeditado porque éste es Divino y puede levantarse a niveles divinos de expresión a través de las leyes espirituales del pensamiento próspero.

Que maravilloso es usar la ley del aumento es vez de la negativa ley de la disminución. Cuando la gente critica, condena y menosprecia a los otros, no se da cuenta que a través de la ley de la acción de la mente, piden las mismas cosas para que les suceda lo mismo. Nunca gastes tu tiempo dándote a ti o a otro el pensamiento de la disminución; como pan arrojado al agua, lo que envías, se devuelve multiplicado y producirá los correspondientes incidentes en tu propia vida.

Catherine Ponder

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